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Perdonar y Perdonarte: El Más Grande Regalo Que Puedes Hacerte!

Perdonar y Perdonarte es el mejor regalo que podemos hacernos para mejorar nuestra existencia.  En algún momento de nuestras vidas hemos tenido experiencias tristes, dolorosas e injustas y quizá muy dañinas, que han dejado en nuestro corazón y en nuestra psique una profunda herida, que a pesar del tiempo no sana, no cierra, y no deja de sangrar. De seguro aún las seguimos teniendo, y así seguiremos a menos que hagamos algo para cambiar las cosas.

De igual modo durante ese trayecto, tal vez hemos sido nosotros quienes hemos ocasionado la herida, quienes hemos lastimado profundamente a alguien, y a pesar del tiempo que ha transcurrido, aun al recordarlo nos sonrojamos y sentimos vergüenza por lo que hicimos. Nos sentimos indignos por haber sido capaces de dañar a otro ser humano.

Perdonar y perdonarte

Perdonar y perdonarte, sagrada virtud de valientes

Si nos identificamos con estos sentimientos de dolor, tristeza, angustia y pena por permitir que nos hicieran daño, y por dañar a otros ¿Qué hacer para liberarnos de todo eso, y continuar nuestros caminos en paz con la vida, en paz con nosotros mismos?

La respuesta a todo está en perdonar. El perdón es un regalo del alma, para el alma.

Un elemento muy importante para sentirnos sanos y en paz, es saber perdonar y perdonarte. El perdón es el inicio de la curación y es una manera poderosa de purificar nuestro propio corazón.

Cuando no negamos a perdonar sentimos una gran carga, un peso interior que perturba nuestra mente, porque recordamos la ofensa una y otra vez. Debemos examinar lo que permitimos que entre en nuestra conciencia y diariamente extraer lo que pretende quitarnos nuestro gozo y nuestra alegría.

Un paso importante para aprender a perdonar es tener humildad. La falta de perdón se relaciona con el orgullo, por eso la razón para perdonar se debe buscar en nuestra profunda convicción de no pagar mal por mal.

Humildad para perdonar y perdonarte

El resentimiento trae consigo el enojo, a veces el odio, el rencor, entre otras emociones que juntas poco a poco empiezan a carcomer tu alma y tu felicidad. No tengo duda de que, lento pero seguro, el resentimiento mata.

“No odies a tu enemigo, pues al hacerlo de alguna manera eres su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz”. (Borges)

Al reconocer una ofensa, un golpe bajo, una traición, u otra circunstancia que nos represente dolor, siempre es justo y necesario perdonar y perdonarte, por nuestro propio bienestar, ya que al perdonar al otro, nos liberamos nosotros mismos de una pesada carga que nos impide avanzar en la vida, y nos ancla en un espiral de situaciones negativas que no nos beneficia.

Así mismo, al reconocer y aceptar que hemos ofendido a alguien, lo noble es disculparnos por nuestra falta, y perdonarnos a nosotros mismos por haber ocasionado un daño a otro ser, aun si creemos que fue sin mala intensión.

Perdonando por amor

La necesidad de perdonar surge por nuestra necesidad de tener paz interior. Surge porque merecemos tener tranquilidad para continuar nuestro vida y nuestro camino en evolución, sin sentimientos obscuros que nos representen una carga negativa, que a la larga se convierten en enfermedad y más dolor.

¿Necesitamos perdonar o reconocer nuestra responsabilidad de lo ocurrido?

Siempre que hay algo que perdonar y perdonarte, es necesario hacerlo, ya que ello nos libera de cargas pesadas y negativas que no nos llevan a ningún puerto seguro. Sin embargo, también es muy importante tener consciencia de cuánto de lo que nos sucede es nuestra total y plena responsabilidad.

Si partimos del principio que todo lo que nos acontece no es más que el resultado de decisiones que hemos tomado, equivocadas o no, y que las consecuencias de dichas decisiones son nuestra responsabilidad, entonces podremos entender y aceptar que, en realidad no hay nadie a quién perdonar.

Si reconocemos nuestra responsabilidad, reconocemos nuestro poder para crear todas las situaciones que nos acontecen.

Si todo parte de una decisión que tomamos de forma consciente o inconsciente, su consecuencia es nuestra responsabilidad. Nadie más está actuando en este proceso creador.

Y, si yo soy el responsable de mis acciones y de sus consecuencias, y si he de juzgar por los resultados, a quién debo juzgar es a mí. Yo lo creé, yo lo asumo, yo me perdono, yo busco el aprendizaje inmerso en dicha experiencia, yo agradezco a la vida por instruirme día tras día en mi tarea de ser un mejor ser humano, y afirmo que me amo profundamente, con mis virtudes, y aun con todos mis defectos.

Yo me amo, yo me perdono

Yo me amo, yo me perdono

Una hermosa leyenda árabe cuenta que, “cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda, o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo, podrá borrarlo.”

Descubrir que ese gran amigo que te ofende, eres tú. Aceptar que cada experiencia que has vivido, buena o mala, la creaste tú, eso es crecer.

Aprender a asumir nuestra responsabilidad sobre todo lo que acontece en nuestras vidas es absolutamente sanador. Ya no hay enemigos. No hay nadie capaz de dañarnos si logramos “VER” que todo lo que nos acontece es el producto de nuestras decisiones consientes e inconscientes, y que tenemos ahora una maravillosa tarea, hacernos 100% conscientes para que el fruto de nuestras decisiones sea de bendición, sea de alegría, sea de éxitos, sea de logros.

Perdonarnos y aceptarnos como somos, identificando nuestras fortalezas y debilidades, así como la manera en que podemos ayudarnos a nosotros mismos a encontrar la forma de reforzarnos, de trabajar en nuestras debilidades y convertirlas en oportunidades para crecer y evolucionar como seres humanos dignos, completos, y con un gran amor propio, ese es el mejor regalo que podemos hacernos.

Recobrando mi fortaleza a través del perdón

Tomar el control absoluto sobre nuestras vidas, nuestras acciones, sus consecuencias, y sus bendiciones. Con la confianza plena en que nuestra paz mental, física y espiritual está en las mejores manos del mundo, en nuestras manos, en las manos del ser que más nos ama, nosotros mismos.

El perdón puede que no cambie el pasado, pero necesariamente sí cambia nuestro futuro, y quizá te preguntarás ¿y cómo se perdona?, pues en realidad lo único que tienes que tener es la intención. Manifiesta tu decisión firme de perdonar todo aquello que consideres necesario y que te haga sentir atado al pasado, del ¿cómo perdonar?, se encarga la vida.

Confía en tu decisión de perdonar y perdonarte, exprésala y espera, porque perdonando estás recuperando tu poder creador. Recuerda que la falta de perdón es odio y el perdón es amor, y así como “la obscuridad no puede expulsar a la obscuridad porque sólo la luz puede hacerlo, del mismo modo, el odio no puede expulsar el odio porque sólo el amor puede hacerlo”, y en la acción de perdonar te estás amando.

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